En el mundo de la reventa, un defecto suele ser algo que se calla hasta que se abre la caja. Para nosotros es la línea más importante de la ficha.
Si notamos algo, ya sea neblina en una esquina del cristal, latón a la vista en un enganche de la correa, una grieta en la tapa de las pilas o un movimiento que adelanta unos segundos, lo leerá con palabras claras al principio de la ficha, con una foto siempre que una foto ayude.
¿Por qué contar el defecto?
Porque un comprador que sabe exactamente lo que recibe no tiene motivos para sentirse engañado cuando llega la caja. Según nuestra experiencia, la gente a la que se le dijo qué esperar vuelve, y la que se llevó una sorpresa no. En un año o dos, esa es la diferencia entre una tienda pequeña que sigue adelante y una que no.
También cambia cómo ponemos los precios. Cuando todos los defectos están sobre la mesa, el precio tiene que tener sentido por sí solo, porque ya no se puede esconder un problema detrás de una buena foto y un adjetivo optimista.
El nombre lo dice
Akarido, アカリドウ, viene de akari, que significa luz, y dō, una sala. Lo entendimos como la luz que se acerca a un objeto para verlo con claridad, defectos incluidos. Esa fue la idea desde el principio, y casi todo lo que hace la tienda sale de ahí.